El consumo de carne vacuna en Argentina continúa en caída y alcanzó uno de los niveles más bajos de las últimas décadas. Según datos del sector, el promedio anual se ubica en torno a los 47,9 kilos por habitante, consolidando una tendencia descendente que se viene profundizando en los últimos años.
El impacto también se refleja en las ventas, que registraron una baja interanual cercana al 13%, en un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento sostenido de los alimentos.
Pero la explicación no se limita solo a la demanda. Desde el sector advierten que también hay una menor disponibilidad de hacienda, lo que repercute en la actividad frigorífica. En ese sentido, la faena mostró una reducción en comparación con períodos anteriores, evidenciando un freno en toda la cadena productiva.
Frente a este escenario, los hábitos de consumo comienzan a cambiar. Cada vez más familias optan por alternativas más accesibles, como el pollo o el cerdo, que ganan protagonismo en la mesa diaria.
La situación genera preocupación en un país donde la carne vacuna forma parte de su identidad cultural. La caída en el consumo no solo refleja un cambio en las elecciones alimentarias, sino también las dificultades económicas que atraviesan muchos hogares argentinos.