El cansancio constante, la tristeza prolongada, las alteraciones en el descanso y la presencia recurrente de pensamientos negativos no deben interpretarse como emociones pasajeras. Cuando estas manifestaciones persisten en el tiempo, pueden constituir señales de depresión, una afección que se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la salud pública a nivel mundial.
En el caso de Argentina, investigaciones recientes seƱalan que cerca de tres de cada diez adolescentes presentan sĆntomas compatibles con trastornos depresivos, una cifra que genera preocupación entre especialistas y autoridades sanitarias.
Cada 13 de enero se recuerda el DĆa Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha establecida ante el aumento sostenido de diagnósticos registrados en las Ćŗltimas dĆ©cadas. El objetivo central de esta jornada es desmitificar una idea muy extendida: la depresión no equivale a estar triste ni a carecer de fuerza de voluntad, sino que se trata de una enfermedad compleja, influida por factores biológicos, psicológicos y sociales.
La creación de esta conmemoración se relaciona con los avances de la psiquiatrĆa contemporĆ”nea y con la urgencia de articular respuestas colectivas frente a un problema de alcance global. En este marco, la Organización Mundial de la Salud impulsó la integración de la salud mental en la atención primaria y exhortó a los paĆses a fortalecer las polĆticas de prevención, detección temprana y tratamiento. Con el paso del tiempo, esta fecha dejó de ser solo una referencia simbólica para convertirse en una herramienta clave de concientización y demanda social.