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Durante los primeros días de 2026, miles de usuarios de Instagram comenzaron a recibir correos de restablecimiento de contraseña que nunca habían solicitado. La situación afectó tanto a cuentas comunes como a perfiles muy populares, y los mensajes parecían auténticos, ya que llegaban desde los canales oficiales de la plataforma.

La repetición constante de estos avisos encendió las alarmas y generó sospechas de que no se trataba de un simple fallo técnico. En poco tiempo, las redes sociales se llenaron de advertencias y comentarios de usuarios preocupados por una posible brecha de seguridad.

La inquietud creció aún mÔs el 9 de enero, cuando la empresa de ciberseguridad Malwarebytes dio a conocer un informe sobre una supuesta filtración de datos vinculada a Instagram. Según la firma, un grupo de hackers habría accedido a información de aproximadamente 17,5 millones de cuentas.

Entre los datos comprometidos se incluirían nombres de usuario, correos electrónicos, números telefónicos e incluso direcciones físicas. El material habría sido publicado en foros clandestinos, lo que aumentó el temor a que esa información fuera utilizada para estafas, extorsiones o suplantación de identidad.

En medio de las versiones cruzadas, surgieron distintas teorías sobre lo ocurrido: una de ellas indicaba que los delincuentes estarían usando sistemas automatizados para enviar solicitudes de cambio de contraseña y así engañar a las víctimas; otra apuntaba a una acción preventiva de Meta, la empresa dueña de Instagram, para proteger cuentas en riesgo.

Finalmente, desde la red social señalaron que el episodio se debió a un error en uno de sus sistemas, que permitió que terceros generaran correos de recuperación de contraseña para algunos usuarios, y aseguraron que ya se encontraba bajo revisión.