Martes 13 es una fecha que despierta interpretaciones diversas, aunque suele asociarse con la prudencia y el temor a la mala fortuna. Esa percepción se apoya tanto en el simbolismo del día como en el del número, dos elementos que, combinados, alimentan creencias arraigadas desde hace siglos.
No es casual que en muchos edificios se omita el piso 13 en los ascensores, ni que algunas personas eviten ser trece a la mesa o procuren sumar un comensal más para romper con esa cifra. La carga negativa que rodea al número 13 —y, por extensión, al martes 13— forma parte de una tradición antigua que, en otras regiones del mundo, se traslada al viernes 13.
El eje común de estas supersticiones es el propio número, cuyo temor tiene incluso un nombre específico: triscaidecafobia. Gran parte de su mala reputación se vincula a referencias de origen religioso. Según la tradición cristiana, trece fueron los participantes de la Última Cena, con Judas como el último en sentarse a la mesa. A esto se suman creencias que señalan un viernes 13 como fecha de la crucifixión de Jesús y la aparición del Anticristo en el capítulo 13 del libro del Apocalipsis.
En cuanto al martes, su connotación negativa podría explicarse por su relación con Marte, el dios romano de la guerra, asociado a la violencia y los conflictos, y considerado poco propicio para decisiones del ámbito familiar o cotidiano. Otra hipótesis remite a la caída de Constantinopla, un hecho decisivo y traumático para el mundo cristiano, ocurrido un martes de mayo de 1453, que habría contribuido a reforzar la percepción desfavorable de este día en el imaginario colectivo.