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Boca Juniors sufrió un duro traspié en Brasil y cayó 1-0 ante Cruzeiro por la tercera fecha del Grupo D de la Copa Libertadores, en un resultado que ajusta la pelea por la clasificación y deja al equipo obligado a reaccionar en los próximos compromisos.

El encuentro fue equilibrado durante gran parte del primer tiempo, con un Boca ordenado y dispuesto a sostener el partido lejos de su arco. Sin embargo, sobre el cierre de esa etapa llegó la jugada que cambió por completo el desarrollo: Adam Bareiro vio la segunda amarilla tras una infracción evitable y dejó al conjunto argentino con diez jugadores para todo el complemento.

La expulsión condicionó por completo el plan del equipo. A partir de ahí, Cruzeiro tomó el control del partido, ganó terreno con la pelota y empezó a inclinar la cancha con presión alta y mayor presencia en ataque. Boca resistió mientras pudo, pero terminó cediendo ante el empuje del conjunto brasileño, que encontró el gol de la ventaja en el segundo tiempo y manejó el resto del trámite con mayor tranquilidad.

Con un hombre menos, el Xeneize apostó a sostenerse defensivamente y buscar alguna salida rápida, pero le costó generar situaciones claras y sintió el desgaste físico con el correr de los minutos. La falta de profundidad en ataque y el esfuerzo acumulado terminaron pesando en un partido que se volvió cada vez más cuesta arriba.

La derrota no solo dejó a Boca sin margen para relajarse en el grupo, sino que además cortó una racha positiva de 14 partidos sin perder, con cuatro victorias consecutivas incluidas y el envión anímico que había dejado el último superclásico.

Ahora, el equipo deberá reacomodarse rápido y enfocarse en los próximos partidos, con la necesidad de sumar para no complicar su camino en una Copa Libertadores que volvió a ponerse exigente.